KAMIKU

Tradición sin nostalgia, de lo artesano a lo contemporáneo

Kamiku es una quesería artesanal nacida en el Pirineo Navarro. Fundada en 2006, la marca elabora quesos de oveja artesanales con mohos autóctonos del valle de Bertiz. En 2025, Kamiku decide abrir su primer establecimiento en Madrid — una tienda-degustación de dos plantas — con un enfoque premium que integra bar de degustación, tienda gourmet y espacio de catas, dirigido a elevar la percepción de la marca y conectarla con consumidores urbanos amantes del producto artesanal.

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Ardiarana

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Packaging

PROYECTO

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Esta nueva aventura empresarial lleva a un ejercicio de reflexión para dotar a Kamiku de una identidad de marca más sofisticada pero coherente con su origen artesanal y con un posicionamiento premium, que potencie su apertura de tienda en el corazón de Madrid y contribuya a mejorar la percepción de valor de sus quesos y experiencias gastronómicas ofrecidas.

OBJETIVOS

  • Construir un relato de prestigio y aspiracional que posicione a Kamiku como un referente del queso artesano de alta gama. Elevar su percepción desde un producto gastronómico a un objeto de valor cultural y sensorial que representa un territorio concreto.
  • Poner en valor el origen, el tiempo y la maestría quesera como activos estratégicos de la marca, haciendo visible el cuidado, la precisión y el conocimiento que intervienen en cada fase del proceso, desde el rebaño hasta la maduración final.
  • Desarrollar una identidad visual y un sistema de packaging capaces de traducir esa excelencia en códigos reconocibles de marca premium, equilibrando autenticidad, sobriedad y sofisticación contemporánea.

PROPUESTA

El concepto parte de una convicción clara: en Kamiku, el origen y el propósito van de la mano y facilitan la narrativa por ser un elemento diferenciador. En un valle donde confluyen clima, paisaje, tiempo y conocimiento, estas condiciones únicas y excepcionales influyen de manera directa en la personalidad de sus quesos. Uno de los elementos más singulares del proyecto es la presencia de mohos naturales durante la maduración. Cada pieza, cada queso es, en ese sentido, irrepetible y eso es lo que hemos tratado de representar.

La propuesta busca mostrar que lo imperfecto, cuando es auténtico, es valioso. Que la variabilidad, lejos de ser un defecto, es un signo de origen y de trabajo artesano. Por eso cada una de las variedades se muestra con un color que la identifica. El uso contenido de un lenguaje sobrio y contemporáneo permite que el producto hable por sí mismo. Las decisiones gráficas acompañan el ritmo del proceso artesanal: lento, controlado, atento al detalle. Nada excesivo. El diseño no compite con el queso, lo enmarca y lo hace legible para un consumidor contemporáneo.

Este enfoque permite que Kamiku dialogue con un público urbano y gourmet, sin renunciar a su identidad de origen.

SOLUCIÓN GRÁFICA

La solución gráfica desarrollada para Kamiku parte de una premisa clara: ordenar y elevar su percepción, entendiendo el diseño como un ejercicio de arquitectura aplicada al producto.

Uno de los elementos clave es el troquel propio, diseñado específicamente para envolver la pieza de queso mediante una banda continua que recorre todo el perímetro. Este gesto cumple una doble función: genera un frontal reconocible y permite organizar la información de forma clara.

La tipografía juega un papel central en esta construcción. Se opta por una combinación de tipos sobrios y contemporáneos. La marca se presenta con contundencia, mientras que la información secundaria —origen, variedad, proceso— se articula con un ritmo más pausado, envolviendo la idea de cuidado y precisión. El sistema tipográfico no busca protagonismo, sino coherencia y acompañamiento. Una cinta perimetral con la marca abraza y recorre todo su diámetro.

PRODUCCIÓN

Los procesos de impresión y los materiales seleccionados acompañan la lógica de elevar la percepción del producto: papeles con presencia, tintas planas y acabados que refuerzan la sensorialidad táctil de cada queso sin eclipsarlo.
Cada elección está pensada para dialogar con la textura natural de la corteza del queso estableciendo un equilibrio entre control gráfico y expresión viva del producto.
La estampación dorada juega un papel relevante como elemento visual que capta todo el interés de la pieza, al tiempo que eleva el valor percibido del queso. Un papel con una textura
Con una cinta de seda con la marca recorriendo perimetralmente el queso reforzamos el cuidado y trabajo artesanal de cada pieza.

El resultado sitúa al producto en el segmento más elevado de su categoría.