Las marcas y el branding, las nuevas embajadas

Buscamos nuestra seguridad, necesitamos certeza, perseguimos el confort y las marcas nos ayudan y despejan el camino para que nuestra percepción genere una sensación de bienestar que aplaque la incertidumbre que nos rodea.

El branding viene al rescate para proporcionarnos tranquilidad.

Hace unos años, cuando viajábamos por el mundo, entre las recomendaciones de nuestras agencias de viaje – cuando lo on-line apenas estaba tan extendido – se encontraba el tener ubicada y fijada la dirección de una embajada, de un consulado, un reducto de nuestra patria, despojada de todo sentimiento nacionalista, que nos serviría de refugio en tierra hostil para poder sobreponernos ante potenciales situaciones delicadas.

 

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Ahora las embajadas son las marcas, los consulados, el fortín, la trinchera desde la que vemos con seguridad los nuevos territorios cuando viajamos.

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Nos sentimos cómodos tomando un café en Starbucks, disfrutando de la sensación conocida y ya experimentada de un Cappuccino Tall mientras alguien dice nuestro nombre y gozamos de la tecnología que nos permite conectarnos a miles de kilómetros y recuperar nuestra presencia y lo que sucede en nuestro hábitat natural.

Esa familiar sensación de seguridad de que nada sucede dentro de la burbuja de la marca es la magia que encierra el branding, crear una experiencia desde antes de que crucemos el umbral de la puerta que nos asegure pocas sorpresas, mínimos riesgos, necesitamos un momento de burbuja, de paz, después de respirar tantas horas una nueva cultura, precisamos algo de calma.

Reconforta el ver que hay una mezcolanza de culturas experimentando y viviendo la misma situación que tú, ese es el poder de las marcas. Ser más relevantes que las nacionalidades.

Una brillante estrategia y un asombroso diseño de experiencia sirve para llegar al corazón de los públicos, una compleja relación que deja en un segundo plano al producto para favorecer, desde la coherencia y la consistencia, una auténtica e íntima conexión.

Son las marcas hechas por personas para personas las que crean comunidades, las que van más allá de mero valor económico, que deja de ser un fin en sí mismo, para convertirse en el medio para ser relevantes y conseguir entender al cliente.