El mejor trabajo del mundo: facilitar y guiar…

“Todo comienzo tiene su encanto.”

Johann Wolfgang Goethe – Dramaturgo alemán

Tengo, he tenido y espero tener la suerte de participar en el inicio de muchos proyectos – propios y ajenos, como protagonista o como actor – a lo largo de los últimos 15 años he tenido la fortuna de ver como nacen, crecen o fracasan algunas iniciativas y siempre me ha cautivado y llamado la atención la energía que se canaliza en los momentos (días) previos al lanzamiento, esa sensación de que culminan los esfuerzos, deseos y anhelos de todos los integrantes y cristalizan en una propuesta al mercado.

Son tiempos inciertos, tiempos que exigen a los valientes que hagan foco en acertar con la proposición de valor que hacen, momentos que invitan a que los previos sean más certeros porque el error acecha y las variables del entorno, que nunca están en nuestra mano por más que nos empeñemos, son traicioneras.

Cuando veo que se pone el acento en pensar qué quieres aportar, conocer qué piensa tu cliente y destinas todo tus esfuerzos a hacérselo fácil, sabes que se está por el buen camino…no es garantía de éxito pero sí de que estás poniendo las bases que cimienten el edificio empresarial que sostenga ese proyecto.

El acompañar a estos proyectos hace que vivas muy intensamente esos momentos iniciales, que compartas con vehemencia sus mismos desvelos y eso es una fortuna el que te hagan partícipe de esas situaciones.

Hace pocos días y semanas han visto a la luz varias de estas iniciativas y, si los primeros resultados predicen su comportamiento futuro, parece que vienen acompañados de buenos augurios. Además en la manera en la que nos gusta, con un discreto segundo plano, el protagonista es el cliente.

En todos ellos, nuestra participación ha sido transversal, ir más allá del plan de negocio y de las frías cifras que, aunque imprescindibles y guía del negocio, siempre se construyen y se sostienen con más buena intención que certeza, y aportar conocimiento y expertise en que las ideas generadas se organicen en procesos que sirvan para seducir al cliente y convencerle de que el producto/servicio es el mejor disponible y ese es un gran trabajo que nos enriquece profesional y personalmente. En los momentos iniciales hay que tener una visión holística del proyecto, centrarse en una parcela y no ver su interacción con el resto de áreas es tener miopía empresarial, todas son claves para el producto final y deben considerarse como un todo.

El ser facilitadores de este desarrollo y validar premisas de negocio es una tarea que en ocasiones se descuida y hace que se ponga foco en cuestiones con más visibilidad pero que no tienen impacto directo en la cuenta de resultados, lo que habitualmente se resume en:

“los árboles no nos dejan ver cómo es todo el bosque”.

Si queremos ser encontrados, elegidos, recordados y recomendados debemos poner todos los recursos en conseguir que desde inicio hasta el fin de la experiencia del cliente superemos sus expectativas más ambiciosas y no nos perdamos en un vistoso recurso que aporta más bien poco a la fría cuenta de resultados que dirige nuestro negocio, de ahí que debamos ser pragmáticos y no perdernos en florituras desde el momento cero.

Soy partidario de una vuelta a los básicos en la que se analicen los procesos de negocio, se revise la puesta en escena, que de una acción ocurrente o un nombre creativo que brinde un resultado cortoplacista y que tenga un recorrido, y en esa revisión aprovechar para aplicar todas las novedades, herramientas o innovaciones que ahora están a nuestro alcance.

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